El 24 de octubre se conmemora el Día Internacional contra el Cambio Climático. De acuerdo con la Convención del Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMUCC), éste se entiende como “un cambio del clima atribuido directa o indirectamente a las actividades humanas que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima durante períodos de tiempo comparables”, (IDEAM, 2014).
Por otro lado, desde el punto de vista meteorológico, el cambio climático es “la alteración de las condiciones predominantes. Los procesos externos tales como la variación de los parámetros orbitales de la tierra (la excentricidad, la inclinación del eje de la tierra con respecto a la eclíptica), los movimientos de la corteza terrestre y la actividad volcánica son factores que tienen gran importancia en el cambio climático”, (IDEAM, 2014).
Mientras tanto, en diferentes puntos de la geografía mundial, “el planeta nos manda mensajes sobre las enormes transformaciones que está sufriendo: desde cambiantes pautas meteorológicas que amenazan la producción de alimentos; hasta el aumento del nivel del mar que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas”, (Naciones Unidas, s.f.)
Pero, ¿a qué se deben estos fenómenos?
El cambio de nuestro planeta depende de un sistema donde elementos como la atmósfera y los océanos interactúan a través de ciclos y procesos que regulan la temperatura y la humedad. Observemos cómo funciona este sistema, así como el impacto que nuestras actividades le ocasionan.
El clima de la tierra es producto de la interacción de sus capas mediante diferentes procesos.
Tenemos que crear conciencia sobre los efectos del cambio climático; así como tomar medidas que ayuden a disminuir aquellos efectos que son producto de las actividades humanas y atentan a este problema ambiental.