Cuentos de Fútbol. Cuento: el verdadero encuentro. Autor: Antonio Ramón Laballós. Del libro: cuentos de fútbol para chicas y chicos. Editorial: Estrada.
Cuento: El verdadero encuentro. Autor: Antonio Ramón Laballós.
Cuento que se encuentra en el libro: "Cuentos de fútbol para chicas y chicos". De: Editorial Estrada.
Algunos partidos son raros, con jugadores bastante llamativos. Como entre nosotros a casi todos nos gusta jugar, no parece extraño que cualquiera participe en un partido. En este que se encuentra en el cuento, los protagonistas están muy entusiasmados. Hay uno que los mira sorprendidísimo. A ver si la historia te sorprende a vos:
¡Yo! la línea media-gritaba la anaconda, mientras serpenteaba desesperadamente para llegar cuanto antes al potrerito del zoológico, donde el 21 de septiembre, como todos los años, al amanecer y antes de que llegara el guardián, se jugaba el encuentro más reñido de la temporada. En cuanto llegó, todo se organizó en un periquete.
Las jirafas, arcos tan inmóviles como imponentes, meditaban sobre dónde esconder sus cuellos para evitar los pelotazos.
A los monos no les importaba ser jueces de línea, pero sí les preocupaba qué hacer con las banderillas mientras no las usaran para señalar infracciones. Les desesperaba el mal humor de la hiena, el árbitro, que el año anterior les había prometido tarascones en la cola si seguían haciendo morisquetas incomprensibles ante acciones totalmente permitidas.
Que la lechuza, el búho y la zorra formaban parte de la comisión organizadora, a nadie le extrañaba: todos los años se repetía la fórmula.
La llegada de los hinchas era imponente: los búfalos levantaban polvareda, los patos graznaban, los teros gritaban como poseídos y el amontonamiento era tal, que parecía imposible que pudieran ubicarse en las tribunas a tiempo para presenciar el encuentro.
Cuando el león pegó el rugido de práctica, todo adquirió carácter de inmediato. Cada simpatizante se colocó en algún lugar previamente elegido, o no...
Comenzó el partido.
Tomó el balón el oso, que, al no poder contener la arremetida del elefante, trató de habilitar al rinoceronte, que avanzaba por la izquierda, aprovechando que el lobo estaba mirando hacia el ceibo, que, atestado de felinos, horneros y mariposas, ya casi no podía tenerse en pie. La intención no pasó de eso, porque el elefante, de un certero trompaso, mandó la pelota al arco contrario, que no estaba bien guarnecido porque, en el apuro inicial, el ciervo designado como guardameta había dejado en su lugar a la culebra, que era rápida para el rastrón, pero pobre para los tiros altos.
Balazo en el ángulo superior izquierdo. La esférica no pudo ser contenida y goooooool.
Todos aullaban, gritaban, balaban, o relinchaban, cada uno según su esencia. La algarabía era general. Todos o ninguno sabían por qué festejaban. (Si vos lo sabés, decilo.) Estaban tan contentos, que hasta el último animal no cabía en sí de la alegría.
Cuando se reanudaron las acciones, los contendientes no tenían bien claro por donde arrojar la pelota, porque era tal euforia por el gol, que nadie se había preguntado a quién pertenecía y, a partir de ese momento, el encuentro se transformó en un picado durante el cual se pudo ver un magistral guanaco cabecear por encima del avestruz, a lo que le siguieron una finta genial del loro, que dejó parada a la rata, y una chilena del oso hormiguero, que mandó el balón hasta el fondo de un arco, mientras el chita quedaba tan tieso como una piedra.
La elefanta se balanceaba de contenta, poniendo en serio peligro a todos los roedores, que en número casi incontable ocupaban ordenadamente su lomo, mientras gritaban: "Otra, otra"...
La algarabía no les permitió percibir la llegada del guardián que, sabedor de la realización del evento, se había adelantado en su horario para suprimirlo. Sin embargo, cautivado por la alegría de los presentes y casi sin pensarlo, se colocó detrás de un sauce llorón y desde allí, flanqueado por acariciantes ramas, gozó de la fiesta como el que más, y hasta hubo un momento en el que se encontró festejando una gambeta que la garza le hizo al jabalí. Su mente estaba confundida...No se parecían en nada a los humanos...Tenían la suerte de ser "solamente animales".
De estas cavilaciones lo sacó el quirquincho, que después de haber caído en un charco, y como tardaron en sacarlo y casi se ahoga, se enojó y dijo: "Me voy, ya estoy cansado".
Y se quedaron sin pelota.
Fin
Vocabulario:
1- La expresión en un periquete significa al instante.
2- Ceibo: Árbol americano, notable por sus flores rojas y brillantes.
3- Atestado: Repleto.
4- Guarnecido: Protegido.
5- Balazo: En sentido figurado: remate potente.
6- Contendientes: Competidores.
7- Finta: Ademán o amague para engañar a alguien.
8- Chilena: Movimiento con que se rechaza hacia atrás, con el cuerpo en el aire y las piernas abiertas como una tijera.
9- Tieso: Rígido.
10- Cavilaciones: Pensamientos profundos.
