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Cuentos con maullidos: Sixto seis cenas. Autora e ilustradora: Inga Moore.

 

Cuento: Sixto seis cenas. 

Autora e IlustradoraInga Moore

El pícaro gato Sixto pertenece a seis amos, vive en seis casas y cada día cena seis veces. Como cada uno de sus amos cree que el gato es suyo y solo suyo, a Sixto todo le va a pedir de boca ¡hasta que un día tiene un resfrío y el veterinario descubre el engaño...!

Video del cuento


Texto: “El gato Sixto vivía en el número uno de la calle Mambrú. Pero vivía también en los números dos, tres, cuatro, cinco y seis de la misma calle.

 Sixto que era más listo que el hambre, vivía en seis casas distintas porque así podía cenar seis veces. 
Cada noche se escapaba del número uno, donde cenaba pollo, y pasaba por el número dos, donde le daban sardinas, por el número tres, donde cenaba cordero, por el número cuatro, donde comía carne picada, y por el número cinco, donde cenaba bacalao. Para terminar, se hartaba de ternera en el número seis.

 Como el vecino de la calle Mambrú apenas se hablaban, nadie sabía lo que el listo de Sixto se traía entre manos. Todos creían que el gato al que alimentaban era suyo y de nadie más..

 Eso sí a Sixto le costaba lo suyo cenar seis veces. ¿O pensáis que es fácil ser el gato de seis personas diferentes al mismo tiempo? 

 Sixto tenía que acordarse del nombre que le habían puesto en cada casa, y debía comportarse de seis maneras distintas. 

Así don lo llamaban Benito, se la daba de señorito. Donde le llamaban Botones, cazaba ratones. Donde lo llamaban Marcelo, de tonto no tenía un pelo. Donde lo llamaban Membrillo, era juguetón y pillo. Donde lo llamaban Mimoso, era la mar de cariñoso. Pero donde lo llamaban Jabato, era el terror de todos los perros y gatos. 

 Claro que, de tanto ir y venir, Sixto acababa agotado. Pero no le importaba nada cansarse con tal de cenar seis veces. Y, además, a Sixto le encantaba... que le rascasen de la cola a la cabeza en seis casas distintas... y que le dejaran dormir a pata suelta y a cualquier hora en seis camas diferentes. 

De manera que a Sixto todo le iba a pedir de boca hasta que... un día húmedo y frío, se resfrió. El pobre se resfrió. 

En menos que canta un gallo, Sixto ya estaba en la consulta del veterinario. Y, como ya os podéis imaginar, no tuvo que visitarle una sola vez... ni dos, ni tres, sino ¡seis veces ¡ Sixto fue al veterinario con seis personas distintas y de seis maneras diferentes: en un transportín, en taxi, de paquete en una moto, en un descapotable, abrigado con una mantita y... en la canasta de una bicicleta. 
El veterinario dijo que la tos de Sixto no era tan grave como parecía. 
- Pero nos quedaremos más tranquilos –añadió- si le damos una cucharadita de jarabe. Por supuesto, Sixto no tomó una sola cucharada de jarabe para la tos. Tomó una, dos, tres, cuatro...¡cinco! ¡¡y SEIS!! 

Pero lo peor vino después. Y es que, aunque todos los gatos negros parezcan iguales, no hay veterinario que visite seis veces al mismo gato y no empiece a sospechar. 
“Aquí hay gato encerrado”, se dijo el veterinario. 
Así que hojeó su agenda, y entonces descubrió que los seis gatos negros vivían en la misma calle.
 De manera que llamó a los seis dueños de Sixto, y todos se enfadaron mucho al saber lo pillo que era su gato. 
¡Tendrías que haber visto las caras que pusieron! 
-¡Este bicho es un descarado! –dijeron-.
 ¡Nos ha engañado a todos para cenar seis veces cada día! 
-Pero a partir de hoy se acabó lo que se daba –añadieron-: nos pondremos de acuerdo para que cene sólo una vez. 

¡Qué pena! ¡A Sixto se la había acabado la buena vida! 
Sin embargo, Sixto era un gato de seis cenas diarias, así que, tras pensarlo mucho, decidió marcharse de la calle Mambrú y se fue a vivir al número uno de la plaza Gulliver.
 Y empezó a vivir también en los números dos, tres, cuatro, cinco y seis de la misma plaza. 
Al contrario de lo que pasaba en la calle Mambrú, en la plaza Gulliver los vecinos se llevaban muy bien entre sí, de modo que todos supieron desde el primer día que Sixto cenaba seis veces. 
Pero aquello no les molestó sino que les hizo gracia. Así que, como todos los vecinos compartían el mismo gato, decidieron que de vez en cuando cenarían juntos y le pondrían seis platos a Sixto, claro está.”











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